30 caprices felipe libón

NºCat: IBS172025 / GR 1224-2025

total time  68:56

Recording venue: Auditorio Manuel de Falla 27-29 May 2024

Music Producer: Paco Moya

Sound engineer: Cheluis Salmerón

Mixing & Mastering: Iberia Studio

Executive Producer: Gloria Medina

Fotografía: Raúl Marcos de Llanos

Diseño: NSN997

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Rondo
Preludio

El sonido de la investigación artística

En la musicología moderna hace algún tiempo que se introdujo un nuevo enfoque denominado investigación artística. Consiste en considerar algunas formas particulares de prácticas musicales como investigaciones, aunque el conocimiento que produzcan no sea una publicación escrita (artículo, libro, tesis). Todos los intérpretes hacen algo de investigación cuando abordan un repertorio, analizan la obra técnicamente, leen sobre el autor y su contexto, pero la diferencia entre ese ejercicio habitual de estudio y una investigación artística es el método, el objetivo y el producto con el que se transmite ese conocimiento. 

El precioso trabajo discográfico que tenemos en las manos es un perfecto ejemplo de investigación artística porque Mario Pérez Blanco ha tratado de responder de una manera metódica a una pregunta ¿por qué se conocen tan poco los Caprichos de Felipe Libón? La forma en la que nos transmite ese conocimiento es la grabación de todos ellos con el objetivo de darlos a conocer, después de haber hecho un análisis exhaustivo de las características de Libón como compositor, intérprete y profesor. Por tanto, estamos ante un CD muy enriquecedor porque no solo nos ofrece la posibilidad de disfrutar auditivamente de las obras, en una interpretación excepcional y brillante, sino también la de conocer mejor a un violinista del pasado a través de un violinista del presente y establecer algunos paralelismos.

Durante los siglos XVIII y XIX, Cádiz fue, además de una ciudad de enorme belleza, un centro económico muy significativo y un lugar de gran desarrollo político y artístico. El constante intercambio entre diferentes culturas, debido a los orígenes muy variados de las personas que vivían o visitaban Cádiz, hizo que se convirtiera en una cosmopolita metrópoli.

En este escenario nació, en 1775, Felipe (o Philip) Libón. Hijo de una familia de franceses establecidos en Cádiz, desde muy joven mostró una excepcional habilidad para el violín. Su brillante trayectoria profesional y su actividad como compositor estuvieron marcadas por la tutela del gran maestro G. B. Viotti y el encuentro con personalidades como Joseph Haydn. La relación con el primero fue fundamental para darle a conocer en los círculos musicales de la ciudad.

Tuvo una excelente aceptación entre público y crítica, tal y como se puede leer en esta reseña del 3 de marzo de 1795 del Morning Chronicle: “El señor Libón tocó una pieza Concertante para dos violines que causó una grata impresión. El talento de Viotti es bien conocido y su joven discípulo muestra un oído extraordinariamente preciso y delicado. Su volumen de sonido todavía es insuficiente, pero llegará a ser más poderoso cuando gane más confianza”. A juzgar por cómo se desarrolló posteriormente su carrera, no hay duda de que ganó mucha confianza y supo transmitirla en todos los lugares en los que estuvo. Fue violinista en Lisboa, bien de la Real Cámara de Lisboa, bien de la Capilla Real entre 1796 y 1798. Después se trasladó a Madrid, donde trabajó en la Capilla privada del Rey Carlos IV durante dos años. En 1800 se estableció en París hasta su muerte en 1838. En sus inicios en esta ciudad fue músico de la corte al servicio de las emperatrices Josefina y María Luisa. Al mismo tiempo fue ampliando su actividad y su reconocimiento, tal y como demuestra que participara en la Orquesta de la Académie de musique, o que algunos de los compositores de la época le dedicaran obras.

Otro elemento clave para comprender su valor y estatus como músico es el instrumento que utilizaba; un Stradivari. Y no todos sus contemporáneos podían acceder a un instrumento así, ni por precio ni por prestigio, aún menos conseguir que su nombre quedara ligado y es que durante mucho tiempo fue denominado “Stradivari Libon”. Aprovechó el legendario sonido potente, claro, la riqueza armónica y el gran abanico dinámico de los instrumentos construidos por Antonio Stradivari (1644-1737). Exploró esas características, para crear ligaduras extremas en frases largas y pasajes virtuosísticos a los que sumó ese particular tono cálido, expresivo y resonante del que nos hablan las crónicas de la época. Por si fuera poco, la curiosidad de Libón por los avances de la organología, le llevó a ser uno de los pioneros en el uso del arco moderno. Una idea desarrollada por el fabricante François Tourte (1747-1835) que consistía en crear arcos más largos, con una curvatura cóncava y un tornillo, para regular la tensión de las cuerdas lo que permitía un control superior y una precisión sin precedentes en el sonido. Libón aprovechó estas mejoras para realizar ligaduras de extrema complejidad, creando frases musicales fluidas y expresivas (como ocurre en los caprichos n.8, 10 y 17).

Precisión, control, calidad, curiosidad, se convierten en adjetivos y definen muy bien la personalidad interpretativa de Mario Pérez. Galardonado en Padova International Competition (2011), Cidade d´Alcobaca(Portugal) y finalista del Gaetano Zinnetti. Ha sido catedrático del Conservatorio superior de música de Aragón y profesor en el master de investigación e interpretación musical de la Universidad Internacional de Valencia. Actualmente es ayuda de solista en la Orquesta Nacional de España y miembro del prestigioso Trío Musicalis. Violinista y viola comprometido con la difusión de nuevos repertorios tanto del pasado como de la actualidad, toca con un violín construído por Andrea Castagneri (1696-1747). 

felipe libon
"Monsieur Libón ha sido muy aplaudido pero no lo suficiente en relación al placer que ha proporcionado. Porque tiene un gran defecto, el más nocivo de todos para el éxito, es un extranjero"
—Journal de l ́ Empire, 15 agosto 1806

Este luthier, contemporáneo de Stradivari, fue conocido por crear instrumentos de cuerda de una estética muy bella, con las cajas de resonancia muy abiertas, cubiertas de un barniz marrón-rojo y una sonoridad  extraordinariamente rica, profunda y clara. En estos Caprichos Mario Pérez consigue extraer del violín de Castagneri una enorme variedad de matices y sutilezas con las que podemos disfrutar de su gran virtuosismo y sensibilidad. Este instrumento no solo le sirve para consumar la técnica e interpretación de la obra de Libón, sino que establece un vínculo con el que acercarse a la experiencia sonora que el mismo Libón pudo tener, en un momento en el que la lutería italiana marcaba una diferencia. De hecho  Andrea Castagneri aplicó los conocimientos italianos y se convirtió en uno de los principales referentes de la escuela francesa conocida como “Viejo París”.

Es la misma sensación que transmite la interpretación que aquí se nos ofrece de estos 30 Caprichos op.15 (op.13 según otros autores) publicados en 1818 por Ricordi y reeditados en 1855 y 1896 por Breitkopf. Libón se los dedicó “al célebre Viotti, en cuya sublime escuela me he formado en mi juventud” y fusionó diferentes elementos musicales -melódicos, armónicos y rítmicos- que eran de uso habitual en aquel momento. La exigencia técnica recuerda al estilo virtuosístico y endemoniado de Paganini, pero con diferencias que denotan una gran personalidad.

Libón, igual que la mayoría de intérpretes-compositores de la época, buscaba con sus obras asombrar y deleitar al público. Sin embargo, la investigación que ha hecho Mario Pérez revela que con esta composición también quiso exponer técnicas que, posteriormente, podrían haber formado parte de un método para violín. Por esa razón, no solo el carácter de los 30 Caprichos op.15 es muy variado, sino que en cada uno de ellos pone el foco en uno o varios aspectos técnicos. Por ejemplo, en el Capricho n.4 hay bariolaje entre cuerdas y en el Capricho n.6 extensiones del cuarto dedo de la mano derecha. También en el Capricho n.5 llega a posiciones extremas en la primera y cuarta cuerda, o el Capricho n.7 que recorre el mástil del instrumento en ambas direcciones.

Fiel a la tradición de la escuela de violín fundamentada en los tratados de Francesco Geminiani (1751) y Leopold Mozart (1756) incluyó Caprichos, como el Capricho n.27, en el que no supera la nota aguda de la primera cuerda, es decir, se toca solo hasta la séptima posición, para respetar los cánones del buen gusto. Así mismo, no faltan los dedicados a trabajar décimas (Capricho n.7), terceras y sextas (Capricho n.29 y Capricho n.26) o trinos como en el Capricho n.28. Por supuesto, hay Caprichos, como el n. 24, que aúna un montón de destrezas, como la colocación de los trinos, justo tras un cambio de cuerda y dentro de ligaduras, además de las diferentes velocidades de arco que se deben utilizar al combinar las notas sueltas y marcadas con otras ligadas. Para el último de los Caprichos, el n. 30 deja una genialidad, una fuga en la que refleja todos los principios de la escuela de violín de su época: sonido rico; legato cantabile; variedad de golpes de arco que proporcionan sonidos más luminosos o sombríos, y una variedad dinámica muy elegante.

En su búsqueda de respuesta, la pregunta que se hace Mario Pérez, ¿por qué se conocen tan poco los Caprichos de Libón?, desvela una cosa más. Tal y como consta en el diccionario biográfico de Baltasar Saldoni y Remendo, Libón no solo tuvo mucho éxito en los conciertos que dio en Madrid, a finales del siglo XVIII, sino también fue el primero que hizo sonar en la corte un efecto sonoro, denominado en la época flauteados y que hoy conocemos como armónicos. En palabras de Saldoni “ejecutados con tal delicadeza y elegancia que causó gran efecto y admiración”.

Una de las posibles razones por las que esta obra es poco conocida podría ser que Libón no publicó un método para violín que complementara sus Caprichos, a diferencia de Baillot, Kreutzer y Rode. Esto pudo deberse a que su carrera no estuvo tan enfocada a la docencia, como la de su maestro Viotti. También, que sus orígenes en una familia de no músicos y su vida diletante como intérprete le situaran en una posición diferente a la de otros violinistas, con una personalidad más independiente y excéntrica. Son muchas las respuestas que Mario Pérez ha encontrado a la pregunta con la que inició este proyecto, todas ellas muy interesantes, aunque sin duda la más valiosa es la forma que ha encontrado para compartirlas mediante la grabación completa de la obra. La historia y el análisis son fundamentales para dar a conocer las composiciones, pero lo imprescindible para que la música llegue al público es que se pueda escuchar. Si además el sonido tiene la calidad, el rigor y la emoción que podemos percibir aquí, la pregunta no ha podido resolverse de mejor manera. 

Dra. Sofía Martínez Villar